Responsa – Comunidad ELD

El blog de la Libre

POEMA:

POEMA SOBRE EL DESASTRE DE LISBOA O EXAMEN DEL AXIOMA ¡TODO ESTÁ BIEN!

VOLTAIRE

¡Oh infelices mortales! ¡Oh tierra deplorable!

¡Oh espantosa reunión de todos los mortales!

¡De inútiles dolores la eterna conversación!

Filósofos engañados que gritan: “Todo está bien”,

¡vengan y contemplen estas ruinas espantosas!

Esos restos, esos despojos, esas cenizas desdichadas,

esas mujeres, esos niños, uno sobre otro, apilados,

debajo de esos mármoles rotos, esos miembros diseminados;

cien mil desventurados que la tierra traga

ensangrentados, desgarrados y todavía palpitantes,

enterrados bajo sus techos, sin ayuda, terminan

en el horror de los tormentos sus lamentosos días.

Frente a los gritos, a medio formar, de sus voces moribundas

y frente al espantoso espectáculo de sus humeantes cenizas

¿Dirán ustedes: “Es el efecto de las eternas leyes

que, de un Dios libre y bueno, necesitan la decisión”?

¿Dirán ustedes, al ver ese montón de víctimas:

“¿Se ha vengado Dios; su muerte paga sus crímenes?”

¿Qué crimen, qué culpa cometieron esos niños,

sobre el seno materno aplastados y sangrientos?

¿Tuvo Lisboa, que ya no es, más vicios

que Londres, que París, en los deleites hundidas?

Lisboa queda hundida, y en París se baila.

Ustedes espectadores tranquilos, espíritus intrépidos,

contemplando los náufragos de sus hermanos moribundos,

en paz buscan las causas de las tempestades:

pero, cuando la suerte adversa, los golpes reciben,

devenidos más humanos, como nosotros también ustedes lloran.

Créanme, cuando la tierra entreabre sus abismos,

mi llanto es inocente y legítimos mis gritos.

Rodeados por todos lados de las crueldades de la suerte,

del furor de los malos, de las trampas de la muerte,

padeciendo los golpes de todos los elementos,

compañeros de nuestros males, permítannos los llantos.

Es el orgullo, dicen ustedes, el sedicioso orgullo,

el que, mientras estamos mal, pretende que podamos estar mejor.

Vayan a interrogar a las riberas del Tajo;

Hurguen en los despojos de ese sangriento estrago;

Pidan a los moribundos, en esa morada de horror,

si es el orgullo quien grita: “¡cielo, socórreme!

¡Cielo ten piedad de la miseria humana!”

“Todo está bien, dicen ustedes y todo es necesario”

¿Qué, el universo entero, sin ese infernal abismo,

sin engullir Lisboa, hubiese estado peor?

¿Están ustedes seguros que la causa eterna

que todo lo hace, todo lo sabe, y todo lo creó para ella,

no hubiera podido lanzarnos a esos tristes climas

sin formar volcanes encendidos bajo nuestros pasos?

¿Así limitaría usted a la suprema potencia?

¿Le prohibiría usted ejercer su clemencia?

¿El eterno artesano no tendrá en sus manos,

infinitos medios, ya listos para sus designios?

Humildemente deseo, sin ofender mi amo,

que ese abismo encendido, de azufre y salitre,

hubiese encendido sus fuegos al fondo de los desiertos.

A mi Dios respeto; pero quiero al universo.

Cuando el hombre se atreve a gemir de tan terrible desgracia,

¡ay! No es por orgullo, es sólo sensible.

Los pobres habitantes de esas tierras desoladas

¡en el horror de los tormentos, encontrarían consuelo

si alguien les dijese: “Caigan, tranquilos mueran;

para la felicidad del mundo se destruyen sus refugios;

otras manos levantarán sus palacios calcinados,

otros pueblos nacerán en sus muros derruidos;

el norte se va a enriquecer con sus pérdidas fatales;

todos sus males son un bien en las leyes generales;

con el mismo ojo, Dios los mira a ustedes y a los viles gusanos,

cuya presa serán pronto ustedes en el fondo de sus tumbas!”

Para desventurados ¡que horrible lenguaje!

Crueles, a mis dolores no añadan el insulto.

No, a mi trastornado corazón, ya no presenten

esas inmutables leyes de la necesidad,

esa cadena de los cuerpos, de los espíritus y de los mundos.

¡Oh sueños de sabios! ¡Oh profundas quimeras!

En su mano tiene Dios la cadena, sin ser El mismo encadenado;

su benéfica decisión todo lo ha determinado:

el es libre, justo y en nada implacable

¿por qué pues sufrimos con tan equitativo dueño?

He allí el nudo fatal que quedaba por desatar.

¿Curarán ustedes sus males, atreviéndose a negarlos?

Todos los pueblos, temblando bajo una divina mano,

del mal que ustedes niegan, el origen han buscado.

Si la ley eterna que mueve a los elementos,

las rocas hacen caer bajo la violencia de los vientos,

si los robles frondosos con el rayo se abrasan,

ellos no sienten los golpes que los aplastan;

mas yo vivo, mas yo siento, y mi corazón oprimido

socorros pide al Dios que los ha formado

hijos del Todo-Poderoso, pero en la miseria nacidos,

las manos extendemos hacia nuestro común padre.

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enero 20, 2010 - Posted by | Uncategorized

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